viernes, 20 de abril de 2012

Haciendo amigos

Estoy apunto de concluir mi tercera semana aquí, un mes desde que me fui de casa.

Soy la primera estudiante de intercambio de la universidad, la primera extranjera que han conocido la mayoría de mis amigos, la tendera del barrio y el vendedor de periódicos. Un auténtico revuelo.

Es la tercera vez que mudo de país, el cuarto país en el que vivo, y supongo que ya he aprendido algo sobre cómo hacer relaciones, amigos e integrarme. Pero nunca he estado tan sola como hasta ahora, es la primera vez que no tengo a nadie a quien abrazar y sentirme reconfortada. Tan cierto es lo que estoy diciendo que el domingo pasado me abrazó la madre de una amiga y me tuve que contener para no llorar. Fue el primer abrazo en casi un mes.

Lo cierto es que inicialmente podría resultar bastante sencillo integrarme aquí, los brasileños son abiertos y amigables por definición. Aquí todo el mundo parece que quiere ser mi amigo, quieren hablar conmigo, preguntar cómo son las cosas fuera de Brasil, conocer mi vida, cómo llegué hasta aquí y si quiero ir a conocer a su familia que vive a diez mil kilómetros.

Esto me produce sentimientos encontrados, tengo 26 años, ya no quiero ser la más popular del instituto, no quiero que todos quieran ser mis amigos sólo por el hecho de que soy gringa, porque tener como amiga a la única gringa de la ciudad hace que tu propia popularidad y tu nivel de carisma roce el cielo. 

Me siento incómoda ante preguntas que hacen mi popularidad se eleve, tales como "¿Esos zapatos son europeos?" "No, están hechos en la india", intento evitar responder la maldita pregunta "¿En cuántos países has estado?" Porque aquí si viajas es que eres guay y rico, no es que te guste viajar y punto.

Yo quiero ser normal, quiero que quieran ser mis amigos porque tenemos cosas en común y porque nos reímos juntos. Por favor, que alguien me desmitifique ante mis compañeros de clase, porque  si no me lo hacen ya se van a llevar una tremenda decepción cuando comprendan que soy metro y medio de vulgaridad andaluza con pelo corto y culo gordo.

Lo peor de todo es que además estoy continuamente siendo observada, si llego tarde a clase, si he sacado mejores notas, si estoy sin depilar o si anoche estaba borracha... Siempre observada. Soy la novedad del barrio.

Pero aparte, los brasileños están totalmente locos, locos de pura diversión. Les encanta beber, bailar y reír. Y a mi me encanta con ellos, la verdad.
También me ayudan a TODO, lo que pido se materializa al instante y me resuelven problemas que yo aún no he visto venir. Esa es la realidad.

Mi autoevaluación me dice que sé que no voy a estar aquí mucho tiempo y que por ello no me estoy esforzando por crear vínculos reales, que añoro tanto dormir acompañada que me importa más el tiempo que falta para que llegue en vacaciones que el tiempo que está sucediendo justo ahora, y eso es peligroso. Pero intento combatirlo.

Mi autoevaluación también me dice que hasta esta semana yo jamás había hecho el esfuerzo de llamar a nadie para ver si podíamos hacer planes juntos, esa es la realidad, soy una floja social que siempre espera a que la llamen primero.

Pero he llamado a Douglas, que es la primera persona con la que me he sentido de verdad acompañada y cómoda desde que llegué, y mañana nos vamos a Sao Paulo de visita a pasar un día estupendo de turisteo. Y tengo ganas de verdad, estoy contenta.

viernes, 6 de abril de 2012

Primera Sexta feira

Aquí parece que siempre es verano, y que esté en un piso de playa. El calor que entra por la mientras duermo es muy familiar, es reconfortante. Parece que haya vuelto y no llegado, quizás sea que la mayor parte de la vida me vivió en verano.

Vivo en un condominio, lo que significa cámaras de seguridad en cada esquina y tres cerraduras distintas hasta llegar a mi casa. No tenemos seguridad privada, pero sí una limpiadora cada dos semanas que cobra 60reais por una jornada completa de trabajo, unos 25€ por ocho horas de trabajo que se traducen en tres euros la hora.

La leche es carísima y sabe a todo menos a leche, el agua sabe a rayos y para disimularlo la mezclan con Tang, que si de chicos os gustaba probar a beberla ahora, es una cosa dulce horrorosa. Como arroz dos veces al día y mis cuatro compañeras de piso me cocinan cada día una comida brasileña distinta.

Vivimos cinco en un piso de unos 60m, en tres cuartos. Es la primera vez en mi vida que comparto tanto espacio. El fantasma de la huella ecológica se está vengando de mí.

Mi barrio, mi distrito, es bastante pobre. Salvo un par de condomios casi todo son favelas. Favelas de gente con bastantes necesidades, unas muy honradas y otras con más necesidades aún.

Así que es norma general no andar sola por la noche, ni hablar inglés fuerte, ni parecer gringa, ni llevar dinero, ni conducir coches grandes, ni llevar teléfonos bonitos... Dicen mis compañeras de clase que son cosas normales, cosas de cualquier parte.

Los bares, y todo lo demás, cierran a las once para controlar la violencia, que dicen han reducido muchísimo. En los 90's Diadema era la ciudad con el índice de violencia más alto de America del Sur, un regalito. Pero quién la ha visto y quién la ve, el gobierno de Sao Paulo puja fuerte por la rehabilitación, como todo en Brasil parece que tiene éxito y para ayer.

Aparte de toda esta mierda, estoy agustísimo. Estoy orgullosa de llevar exactamente el mismo tipo de vida que llevan los demás estudiantes, aún cuando como la mayoría de ellos duermo en un colchón tirado en el suelo del cuarto compartido porque comprar una cama completa es demasiado dinero.

En cualquier caso, a partir de ahora que asenté un poco la idea de dónde vivo procuraré sólo hablar de las cosas bellas de vivir aquí, las cosas menos bonitas que se las lleven a otra parte pero aquí no quedarán escritas.

viernes, 2 de diciembre de 2011

¨Es fácil ser feliz cuando has estado muerto antes¨

Me escribí a mí misma hace mucho para no olvidar que juré no volver al desahucio interior, e increíblemente funcionó.

Supongo que simplemente un día me di cuenta de que odiaba el tedio de vida que vivía aún no queriéndola vivir, odiaba con tanta fuerza que me hubiese partido en dos de aullar al cielo la desesperación contenida. Odiaba tanto esa vida que lo agoté para siempre y nunca más he vuelto a sentir odio.

Pero eso fue hace mucho, y yo ya no me parezco a aquella, nunca lloro si no es de amor  ni hago funambulismo por las canciones de otro que no sea yo.

Pero no se cómo decirte ni dibujarte que cada cual tiene que llegar a su propio límite y husmear en los recovecos de los anhelos para comprender qué te hace dormir de un tirón y tener dulces sueños.

Si por muy fuerte que te abracen el alma se te escurre a los pies y nadie puede mantenerte derecho...

¿Qué voy a hacer yo que gasté media vida buscando mis dos pies?

martes, 9 de agosto de 2011

El gusano, el primero y yo

Está lloviendo.

He bajado al mercado, la calle estaba por completo en silencio, silencio absoluto, habría algún coche, algunas personas, pero tanto silencio me ha dado miedo. Nunca había notado que aquí siempre hay silencio, esta ciudad no tiene ruido propio.

También yo llevo silencio ahora por dentro, pero donde está éste antes había otras ilusiones, y esque tengo un gusano por dentro que se está comiendo mis posibilidades, mis ganas y mis modos de buscar el cómo-hacer. Cuanto más avanza el gusano, más avanza el silencio. Hay días que lo noto morderme por dentro, y sé lo que significa: no vas a encontrar, no lo vas a conseguir... Yo sé que mi gusano tiene razón, y cada tarde sin nada que hacer noto como muerde más fuerte, cómo es más difícil escuchar a mi padre pedirme que vuelva ya.

Pero dos veces al día vienes con hambre canina, a decir tonterias, hacerme rabiar y desrabiarme con besos , y ya ni es tan grande la soledad ni mis posibilidades tan pequeñas. El gusano se retira y yo me olvido de que me siento tan llana que el viento podría tumbarme en cualquier momento.

martes, 28 de junio de 2011

63 casillas en cuatro tiradas

A veces me siento un poco como si alguien me hubiera guardado dentro de una manzana verde en un congelador, mis caminos nunca pasan por casa, parece que vivo de oca en oca y ni me creo la suerte que tengo. Ojalá mi nombre esté descansando en algun congelador, u ojalá yo creyera en la magia, porque así sabría al menos que esta vez voy a salir bien.

Pero no sé por donde empezar, y como ya dijo alguien este es el Biggest challenge. Si pensamos que es un juego seguro que me las apaño para ganar. Sólo tengo que ser metódica y paciente. Tengo que salir a correr por las mañanas y andar con los ojos bien abiertos.

domingo, 5 de junio de 2011

La vida secreta de ls palabras, sábado de resaca

"-...Porque si decidieramos irnos a algún lugar juntos, me da miedo que un día, hoy no, quizás... quizás... quizás mañana tampoco, pero un día de repente puede que empiece a llorar y llorar, y llore tanto que nada ni nadie pueda pararme y que las lágrimas llenen la habitación y que me falte el aire, y que te arrastre conmigo y que nos ahoguemos los dos.

-Aprenderé a nadar Hanna. Te lo juro, aprenderé a nadar."

(suspiros)

Qué gran película.

Veinte horas de sueño seguido, los 18 días que parecen años, la no-gripe que no estoy incubando, los dos últimos exámenes, la pereza y el huecco.

jueves, 2 de junio de 2011

No es aquí

Estoy estudiando en mi cuarto, con la ventana abierta a las hordas de mosquitos y al fresquito que dejan las tormentas de verano. Suficiente fresquito para llevar una sudadera y la manta élfica en las piernas.

Mi barrio es bastante silencioso, no pasan coches, sólo se oye el murmullo de la ciudad en sí misma, cinco millones de habitantes hacemos mucho ruido. Siempre el mismo cadente sonido que te aliena de tu propio sentido, entre tanta gente es difícil hacer que tu ruido destaque. No sé cómo explicar a qué suena Ankara, cuando vine me sonaba a claxon, a veces me suena al silencio de la gente que mira, casi nunca me suena a verde.

Hace unos segundo he escuchado un pitido con eco lejano... y mi cerebro, creyendo que estaba en casa ha dicho "Un clarinete, están las bandas ensayando en el río", la sonrisa no ha llegado a abrírseme en la cara, porque he recordado que es mentira. Que aquí no hay música en las calles ni tampoco un río que lleve las marchas de las bandas por su cauce, que si los mosquitos pican igual no sé de donde sacan las ganas ni donde dejan la puesta en una ciudad seca y gris cual desierto de cemento.

Debió ser un caminón por la carretera que rodea Bahçelievler.