miércoles, 17 de noviembre de 2010

Explicaciones para quien no las pide.

Yo no tengo miedo a casi nada, casi nada incluye muchas cosas por supuesto. Yo no sé hablar de dolor, no sé sentarme a contarme que algo me duele dentro porque darle forma produce más dolor. Para mi es más sencillo un comentario rápido para quien casualmente se encuentra en el momento oportuno que llamar por teléfono a explicar que algo terrible acontece sobre mi cabeza, yo es que simplemente no soy así. Y no quiero serlo,  no es que ignore mis problemas ni tenga mil Voldemorts a los que me de miedo nombrar, es que verbalizar las cosas las hace más reales.

Entiéndeme, me refiero a dolor real, recuerda cuando te dije que no quería llorar por miedo a no poder parar nunca, esque esta vez si que he tenido miedo real a que todo cambiara y verbalizarlo me encogía el corazón. Siento que te enteres mal y tarde de que aquel nubarrón se ceñía sobre mi cabeza, pero yo no iba a sacar el paraguas antes de tiempo, y ya ves que al final ni siquiera hizo falta y sólo te hubiera preocupado y por ende me hubiese preocupado yo más.

Así pues, la vida sigue para todos con más colores de los que había en mi paleta cuando me despedí de Sevilla sin saber si tendría que volver antes de lo previsto. Y esque hoy cuando por fin he visto a mi padre por la cam no podíamos parar de sonreirnos de alivio y de puro amor, ¿De qué hubiese servido preocuparte a ti, preocuparme a mi y preocuparlo a él más? ¿Me explico?

...Vi a mi padre luchar contra los elementos
naufragar con su vida contra el muro del tiempo
no tuvo otra oportunidad...

viernes, 12 de noviembre de 2010

Hacedora de equipajes.

He bajado la mochila del altillo, que subí hace una semana. he metido el saco, la manta élfica... y ha comenzado el desfile de cosas de viaje.

He sacado mi ropa de viajar y... qué fatiga me ha dado... otra vez los mismos pantalones con los que he convivido un mes completo, al principio de China eran dos, pero los otros murieron en un accidente. Los pantalones supervivientes ya nunca están del todo limpios, se les nota ya la pelusilla de gastado y tienen por algunas zonas un color un poco ocre de haberme sentado en demasiados suelos. Cuando acabe la erasmus los renuevo...

He sacado como una autómata los paquetitos de viajar, movimientos cada vez más mecanizados y sin pensar todas mis cositas van tomando su sitio sobre mi cama para luego pasar a sus rincones dentro de la mochila. Cada cosita en su lugar, ya no sé si yo lo hago inconscientemente o si mis cositas van andadndo solitas a acurrucarse en los rinconcitos de la mochila con las demás compañeras.

Antes de guardar los materiales he mirado encima de la cama, algunas cosas son nuevas otras llevan conmigo toda la vida. Equipaje realmente básico y esperpéntico a la vez; una bolsa de plástico con cierre hermético, un cordino de tres metros, tiritas infantiles con hilo y aguja, la linterna robada a Ball, crema tiger, un libro en blanco y otro de aventuras, sobres de azúcar... Este es mi equipo de supervivencia.

Feliz Bayram a todos, reencuentros familiares para unos y dichosas aventuras para los demás.

No cuelgues tu mochila aún
has de llenarla de ilusión... 

viernes, 5 de noviembre de 2010

Más de la tierra de enmedio





Lijiang







2 TL

Continuando con el diario de dos erasmus en Ankara...

Mi turca no tiene de nada en casa, de nada es que tiene dos cuchillos, tres tenedores, cero platos llanos, cuarenta cucharillas de té, cero vasos de agua, cero cuencos, cuarenta vasitos de té, una minisarén... y así una larga lista que no incluye cortina de la ducha pero sí incluye un montón de papeles de publicidad en la puerta de casa para que Ele y yo nos cambiemos allí los zapatos por zapatillas de estar por casa.

Así que visto lo visto hay que aprovechar los recursos y ayer aprendimos a optimizar al máximo 2 Liras Turcas (1€) que es lo que cuesta el almuerzo en el comedor universitario. Por ese módico precio almorzamos cada día, cojo una pieza de fruta extra para la merienda y ya que estamos no me olvido de coger dos piezas de pan para el desayuno del día siguiente.
Lo de la fruta no está permitido, pero como soy erasmus y no me entero de nada cuando el cocinero me riñe me encojo de hombros y sonrío dulcemente.

Durante el almuerzo de ayer nos acordamosde que en casa no tenemos servilletas así que... sí vaciamos el servilletero y como la turca nos tiene ni especias en casa también nos llevamos el salero y el pimentero. Eso no hace daño a nadie.

Al terminar la comida aún estabamos discutiendo sobre si comprar más cubiertos o no para la casa y entonces... lo vimos claro, y guardamos los cubiertos en el bolso. En una semana tendremos una cubertería completa.

Así que ya sólo nos quedaba ir al baño a por un rollo de papel higienico de esos gigante (no me preguntéis con qué se limpia la turca, sólo sé que no usa papel), menos mal que habíamos robado los cubiertos porque sin ellos no habríamos podido forzar la cajetilla en la que se guarda el papel higiénico de la facultad...

Otra forma de sentir.

Me siento en el borde de mi pensamiento.


A mirarme del derecho y del revés.


Quisiera tirar un cable y saber qué se ve desde el otro lado que yo miro.


Recuérdame que la palabra crea, que los secretos que nos contamos se cuelan en forma de susurros bajo la almohada y me despiertan con el corazón acelerado.

martes, 2 de noviembre de 2010

Vuelta a empezar.

  Ele: "Tía, tú no tienes ninguna gana de estar en Turquía"

Yo: "Claro que no, por mi cogía ahora otro avión y me daba media vuelta"

Así empezó mi mañana de ayer. Imagino mi cara de perro al despertarme en Turquía y ver que ya toda la superaventura había acabado. Lo de "Ahora empieza otra aventura distinta" no era suficiente, y eso que no sabía lo que me esperaba al llegar a casa.

Siete horas de autobús con el morro pegado a la ventanilla fueron suficientes para hacerme cambiar de opinión, sentí "Mis ojos se alimentan de verde..." qué verde es todo, qué bella es Turquía.

Hice un repaso del tiempo, me revisé el alma, me revisé el corazón y con una nota satisfactoria y afinada reemprendí el camino a mi nueva casa. Que verde es  mi barrio, qué feliz es mi barrio, mis ojos se alimentan de verde, yo me alimento de este sentimiento...

 Sin darme cuenta he llegado al portal, la subida a mi casa no es nada después Zhanjiajie o Emei Shan, y yo  estaba radiante de energía por derrochar. .Cuatro plantas de escaleras no son nada cuando has recorrido media China por escalones, (toda China es una gran escalera con luces de colores, lo prometo).

Así llegué a casa con medio corazón contento y otro medio feliz de nostalgia por quererte tanto. 

Aquí empieza la aventura de cómo mi casera ha realquilado mi habitación a unos iraníes y yo no tengo donde estar, por supuesto jamás me voy a quedar en la calle, pero... ¿Para qué pago yo el alquiler a esta mujer si cuando me vaya de viaje va a realquilarme el cuarto? Pues la buena señora entendiendo que yo no voy a usar la habitación, total estoy fuera, decide sacarle doble provecho... Aquí debo aclarar que la casera no es mala persona, sólo está un poco loca, pero juro de verdad que es buena de corazón, aunque igual está un poco 'alpaguatá'.

El caso es que ahí estoy yo... todavía con el calor pegado al cuerpo y sin cama en la que tirarme a soñar con duendes que soplan travesuras.

Inmediatamente mi cara pasó por el tercer estado del día: cara de palo (primero cara de perro después cara de burbuja feliz-me gusta el verde, ahora cara palo). 
Cara Palo de insecto palo, miradlo a la cara, son los señores mas serios del mundo natural. Jamás nadie se mete con ellos y los escarabajos se quitan el sombrero cuando pasan a su lado, hacen una reverencia y dicen:  "Buenas tardes Señor Fasmido, bonito día para pasear". Son tan serios que los saltamontes les tienen envidia, por eso son verdes.

Bueno, después de muchas caras he recuperado mi habitación, me han comprado una cama nueva y mañana viene la lavadora, que antes no teníamos. Pero he tenido que decirle a la casera que no le pagaba hasta que los iraníes no se marcharan, y que yo no me pensaba marchar. O sea que o los iraníes se piraban o yo me quedaba viviendo de balde en la habitación de Ele (por supuesto mi amenaza incluía que Ele tampoco le pagaba).
Al final los iraníes están el la habitación de la casera, la casera estudiando en la cocina, y yo escribiendo desde mi nueva camita. :)

Otra historieta con final feliz para rellenar un librito de Hanadas :)