lunes, 4 de mayo de 2009

¡Carril humano ya!

Esta mañana he recogido la bici de casa de mi madre. La he llevado hasta la esquina de San Vicente de Paul andando para no molestar, en lugar de montarme en la misma puerta como hago normalmente.
He recorrido una parte de mi camino por la carretera sin nigún problema. La aventura empieza cuando alcanzo el carril bici.
Y es que el carril bici en Triana no solo tiene árboles a modo de mediana. Sino que además está lleno de personas que se sienten más ecologistas usando el carril bici (pero dejan sus bicis en casa). También de marujas que entienden que en los pasos de cebras puedes parar a charlar tranquilamente, y si les timbras te gritan que están en su derecho de pararse en el paso de peatones. (que prueben a hacerlo en la carretera, a ver qué tal les va). Otra modalidad es el barrendero que deja el carro en medio del carril bici, los coches en aparcamientos improvisados y los chavales del instituto que a falta de zonas verdes se reunen en torno al carril, no entiendo muy bien a qué.

Hoy, por si ya esto fuera poca aventura, al llegar a la altura de los remedios había un camión de Lipasam en cada paso de petones con un regalito! Un montón de operarios distraidos con fuiosas mangueras de agua y zotal en sus manos con las que regar a ciclistas, peatones, motos o cualquiera que apareciera en su perímetro.

Después de todo esto he llegado a mi casa enfada, oliendo a zotal y convencida de que el carril bici en Triana va a ser tierra sin ley para siempre.

Mi mamá


Desde que me he ido de casa amo a mi mamá y mi mamá me mima más que nunca.

Aunque aú me moleste un poco escuchar que nos parecemos infinitamente y no pueda evitar salir echando humo por las orejas cada vez que voy a procurador 27.

En realidad, menos por las cosas en las que somos exactamente iguales, es una mujer genial.


miércoles, 29 de abril de 2009

Solicitud de dedos cruzados.


No sé cuándo escribí mi primera carta. 
Quizás fuera para Lina María. Luego con los años empecé a escribirme con mis compañeras del cole cuando pasábamos los veranos separadas.

Hace ya años que no escribo una carta de verdad. Cartas de verdad, folios escritos por las dos caras con frases infinitas porque la emoción no me deja colocar ni un punto. Todas las comas hilvanaban unas con otras en las pocas cartas que envié a Laurence a cualquier parte. Probablemente esas fueron las últimas.

Ya no lo hago porque internet cambia sellos por arrobas más baratas y rápidas.

Hay veces que la historia no cambia mucho a cuando tiraba la carta al buzón. Acabo de enviar un email y me han asaltado las mismas dudas que cuando era pequeña "¿La perderá el cartero?" "¿Y si llueve mucho y se borran las letras?" "¿Se me ha olvidado poner el CP?"

Hoy he enviado la solcitud para  una cosa muy muy guay. Cruzad los dedos por mi.

lunes, 27 de abril de 2009

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jueves, 23 de abril de 2009

Bas y Guep




Primera ida.

jueves, 16 de abril de 2009

D) It is written.



¿Lo estaba?
O sea, en el guión de la peli todo está escrito desde luego. Pero, ¿Hasta dónde puede llegar la perseverancia?
¿Imaginas que realmente exista un destino? Nosotros aquí creyendo que vamos remando poco a poco, muy rápido otras veces, para llegar al lugar donde creemos querer estar para que de repente y un zarpazo todo se deshaga. Buffff!! Esto es casi casi como creer en Dios!! Pero en el Dios del Antiguo testamento! No este moderno que no se moja en nada con tanto libre albedrío.

Sin embargo, es delicioso fantasear con un final cerrado... mmmm


Ultimamente estoy en el lugar exacto en el que desearía estar. Bueno, siempre se me escapan algunos hilos. Pero qué horrible sería si ya no me quedara por solucionar, no?


lunes, 13 de abril de 2009

Esta es la verdadera historia del polen que hace cosquillas en la nariz


Hace muchos muchos años una niña de ocho años se escondía de sus papás antes de comer para meter el cucharón de madera en la tinaja de la cocina y comer aceitunas.
Comía con taanta taanta ansia que alguna que otra vez se tragaba los huesos. Y eso que su mamá le había advertido que si comía huesos de aceituna le crecería un olivo en la tripa. Pero cuando tienes ocho años el desarrollo de un árbol en tu interior es algo muy remoto comparado con el placer de devorar aceitunas a puñados, y nunca le hizo caso.

Pasaron muchos muchos años hasta la primavera en que un árbol olvidado comenzó a dar las primeras flores y un montón de polvito amarillo comenzó a acumularse en la barriga de una muchacha que cuando era niña se escondía en el fondo de la cocina para comerse las aceitunas de la tinaja de barro antes de almorzar.

El polvillo de las flores comenzó a formar un torbellino, el torbellino empezó a coger velocidad, la nariz le empezó a picar como si le acariciaran con una larga pluma y al final... atttchús!!!

Desde entonces todos los descendientes de la niña q se escondía en el fondo de la cocina para comerse las aceitunas de la tinaja de barro antes de almorzar llevan una parte de ese árbol dentro de sí mismos. Cuando llega la primavera lo sienten antes porque el árbol que llevan dentro libera polen que les hace cosquillitas en la nariz.

En el tramo del camino que junta lo bueno y lo malo donde se rompen los destinos y se separan las manos donde nadie recuerda que fuimos hermanos...